Cómo diferenciar entre lo que podemos controlar y lo que no


El estoicismo es una filosofía práctica. No está pensada para debatir en libros ni quedarse en teorías abstractas. Su objetivo es ayudarnos a vivir mejor. Y una de sus ideas clave es esta: hay cosas que puedes controlar, y cosas que no. Saber distinguirlas es la base para una vida más serena.

Hoy vivimos en un mundo donde queremos controlarlo todo: nuestro aspecto, el clima, la economía, lo que opinan los demás, el éxito, la salud... Pero intentar controlar lo incontrolable genera ansiedad, frustración y desgaste. El estoicismo ofrece otra vía: aceptar lo que no depende de nosotros y centrarnos en lo que sí podemos cambiar.

En este artículo vamos a desgranar esta idea central del estoicismo. Veremos cómo aplicarla en la vida diaria, qué errores solemos cometer y cómo empezar a vivir con más tranquilidad y menos lucha interna.


1. ¿Qué es el estoicismo?

El estoicismo nació en Grecia hace más de dos mil años, pero floreció en Roma. Sus principales representantes fueron Séneca, Epicteto y Marco Aurelio. Ninguno era un monje alejado del mundo: uno fue consejero del emperador, otro era un esclavo liberado y el último, directamente, emperador.

La propuesta estoica es clara: no puedes controlar el mundo, pero sí cómo reaccionas ante él. Lo que pasa fuera de ti no siempre está en tus manos, pero tu respuesta sí lo está. Esto cambia el enfoque de la vida: no se trata de que todo te salga bien, sino de responder con sabiduría a lo que ocurra.


2. La Dicotomía del Control

Epicteto lo dijo de forma sencilla:

“Hay cosas que dependen de nosotros y cosas que no.”

Esto es lo que los estoicos llamaban la dicotomía del control. A primera vista puede parecer algo obvio, pero en la práctica no lo aplicamos. Confundimos deseos con control. Queremos que alguien nos quiera, que nos suban el sueldo, que haga buen tiempo en nuestras vacaciones… Pero nada de eso depende del todo de nosotros.

Entonces, ¿qué sí depende de nosotros? Los estoicos lo resumían así:

Depende de ti:

  • Tus juicios

  • Tus decisiones

  • Tus acciones

  • Tu actitud

  • Tu esfuerzo

No depende de ti:

  • Las opiniones ajenas

  • La salud (en parte)

  • El reconocimiento

  • El clima

  • La muerte

  • Los resultados finales

Un ejemplo cotidiano: puedes estudiar para un examen. Eso depende de ti. Pero no puedes controlar el tipo de preguntas, ni cómo te sentirás ese día, ni si tu profesor será justo. Por eso, los estoicos insistían en esto: haz tu parte con excelencia, pero suelta lo que no controlas.


3. Aceptación no es resignación

Una objeción habitual es confundir aceptación con pasividad. Parece que si aceptas, dejas de luchar. Pero no es eso. Aceptar lo que no controlas no significa rendirse, sino dejar de malgastar energía.

La aceptación estoica es activa. Supone actuar con claridad, sin resistirte a la realidad. Si llueve el día de tu boda, puedes amargarte o puedes bailar bajo la lluvia. Si pierdes tu trabajo, puedes hundirte o puedes buscar nuevas opciones. Aceptar no es resignarse, es ver con claridad lo que hay y responder con inteligencia, no con queja.

Marco Aurelio, el emperador estoico, escribió:

“Recibe sin orgullo, deja ir sin apego.”

Una frase simple, pero poderosa. Lo que viene, viene. Lo que se va, se va. Tu trabajo no es retener el mundo, sino adaptarte con firmeza.


4. ¿Por qué nos cuesta tanto soltar?

Porque hemos crecido creyendo que todo se puede controlar si lo intentamos suficiente. Que si sufres es porque no lo estás haciendo bien. Que siempre puedes conseguir lo que quieres si luchas. Pero eso no es verdad. Y ese mito nos hace daño.

También nos cuesta porque confundimos lo que deseamos con lo que depende de nosotros. Quieres gustarle a esa persona. Quieres tener salud perfecta. Quieres que tus padres te comprendan. Todo eso es comprensible. Pero no está en tu control.

La clave estoica no es dejar de querer, sino no atarte al resultado. Haz lo mejor que puedas y acepta lo que venga. El apego al resultado es el origen de muchas frustraciones.


5. Ejemplos prácticos

Caso 1: Una discusión familiar

No puedes controlar cómo reacciona tu hermano, tu madre o tu pareja. Pero sí puedes elegir cómo hablas tú, si gritas o escuchas, si atacas o mantienes la calma. Centrarte en tu parte te da poder y te ahorra sufrimiento.

Caso 2: Buscar trabajo

No puedes controlar que te contraten. Pero sí cómo preparas tu currículum, cómo te presentas, si te formas o no. Si te centras en el resultado, te frustras. Si te centras en tu proceso, avanzas.

Caso 3: Un problema de salud

No puedes evitar muchas enfermedades. Pero puedes comer mejor, hacer ejercicio, seguir un tratamiento. Aceptar tu situación sin resignarte. Estar presente en lo que puedes hacer hoy.


6. Herramientas estoicas para aplicar hoy

a) El diario estoico

Cada noche, escribe tres cosas:

  • ¿Qué hice hoy que dependía de mí?

  • ¿Qué cosas me molestaron pero no estaban en mi control?

  • ¿Qué podría haber hecho distinto?

Este ejercicio te ayuda a observar y distinguir.

b) Visualización negativa

Los estoicos practicaban imaginar que perdían lo que amaban: su casa, su familia, su salud. No por morbo, sino para valorar más y soltar el apego. Pensar “esto puede acabar” te hace vivir más intensamente.

c) Prepara tu mente

Antes de salir de casa, piensa: “Hoy puede que me critiquen, que algo falle, que me retrasen.” Si ocurre, ya no te pilla desprevenido. No es pesimismo. Es preparación mental. Así no reaccionas desde la sorpresa, sino desde la serenidad.


7. El poder del enfoque

Donde pongas tu atención, va tu energía. Si la pones en lo que no puedes cambiar, te agotas. Si la pones en lo que sí depende de ti, te fortaleces.

Esto no significa que te vuelvas indiferente al mundo. Significa que eliges bien tus batallas. No puedes evitar que haya tráfico, pero puedes decidir no desesperarte. No puedes controlar lo que pasa fuera, pero sí puedes cultivar un carácter firme, justo y tranquilo.


8. Vivir con tranquilidad

La tranquilidad no viene cuando todo sale bien, sino cuando tú estás bien independientemente de lo que pase. Ese es el verdadero control. No el de las circunstancias, sino el de uno mismo.

Los estoicos no proponían eliminar las emociones, sino no dejarse arrastrar por ellas. Decían: “No es lo que ocurre lo que te perturba, sino cómo lo interpretas.” Por eso, cultivar una mente clara es la clave.


9. ¿Por dónde empezar?

  1. Haz una lista de lo que hoy te preocupa. Luego divide en dos columnas: ¿esto depende de mí o no?

  2. Actúa sobre lo que depende de ti. El resto, suéltalo.

  3. Lee textos estoicos. “Meditaciones” de Marco Aurelio, las cartas de Séneca o el “Manual” de Epicteto son un buen punto de partida.

  4. No esperes perfección. Caerás una y otra vez en el intento de controlar todo. Pero cada vez que recuerdes esta distinción, sufrirás menos.


10. Conclusión

La idea estoica de diferenciar lo que puedes controlar de lo que no es simple, pero poderosa. No necesita adornos. Solo práctica diaria. Cuando lo aplicas, la vida no cambia mágicamente. Pero tú sí. Y eso cambia todo.

Aceptar no es rendirse. Es dejar de luchar contra lo inevitable y usar tu energía en lo que sí puedes influir: tu carácter, tu forma de actuar, tu visión del mundo.

Al final, el control real no es dominar lo externo, sino gobernarse a uno mismo. Y en eso, los estoicos nos dejaron una guía valiosa. Úsala. No para ser perfecto, sino para vivir con más claridad, firmeza y paz interior.

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