El encuentro en el parque
La mañana estaba fresca, el rocío aún brillaba sobre la hierba y el sol apenas comenzaba a asomarse entre los árboles. Corría por el parque, como hacía cada día, disfrutando del ritmo de mis pasos y la brisa suave que acariciaba mi piel. Llevaba mis auriculares puestos, pero la música era solo un fondo lejano; mi mente estaba en calma, enfocada en el movimiento y la respiración.
Fue entonces cuando la vi.
Ella estaba sentada en un banco cerca del sendero, con unas gafas de sol que ocultaban sus ojos pero no su sonrisa. Llevaba un conjunto deportivo ajustado que destacaba sus curvas, y su cabello oscuro caía en ondas sobre sus hombros. Al pasar junto a ella, nuestros ojos se encontraron por un instante, y algo en su mirada me hizo reducir el paso.
"¿Siempre corres tan temprano?" preguntó, con una voz suave pero llena de confianza.
Me detuve, sorprendido por su directividad. "Sí, es mi rutina", respondí, quitándome un auricular. "¿Y tú? No te he visto por aquí antes."
Ella se encogió de hombros, sonriendo con una expresión que despertó mi curiosidad. "Hoy es un día especial. Necesitaba aire fresco... y tal vez algo más."
Sus palabras flotaron en el aire, cargadas de intención. Sentí un ligero escalofrío recorrer mi espalda, pero me mantuve en silencio, esperando a que continuara.
"¿Te gustaría acompañarme?" preguntó, levantándose del banco. Su movimiento era elegante, casi felino, y no pude evitar notar cómo su cuerpo se movía bajo la tela ajustada de su ropa.
"¿Acompañarte?" repetí, confundido pero intrigado.
Ella se acercó, reduciendo la distancia entre nosotros hasta que pude sentir el calor de su cuerpo. "Sí", susurró, acercando sus labios a mi oído. "Deja de correr por un momento y ven conmigo. Te prometo que no te arrepentirás."
Su aliento era cálido, y sus palabras despertaron algo en mí que no podía ignorar. La miré a los ojos, buscando alguna señal de duda, pero solo encontré determinación y deseo.
"¿Qué tienes en mente?" pregunté, sintiendo cómo mi pulso se aceleraba.
Ella sonrió, tomando mi mano y guiándome hacia un sendero secundario, más alejado de la vista de los demás corredores. "Confía en mí", dijo, y algo en su tono me hizo seguirla sin cuestionar.
El sendero nos llevó a una pequeña arboleda, donde la luz del sol se filtraba entre las hojas, creando un espacio íntimo y privado. Ella se detuvo, volviéndose hacia mí con una mirada que me dejó sin aliento.
"¿Nunca has fantaseado con hacer algo... espontáneo?" preguntó, deslizando sus manos por mi pecho. Su toque era firme pero suave, y sentí cómo mi cuerpo respondía a su contacto.
"Quizás", admití, sintiendo cómo el calor se acumulaba en mi interior.
Ella sonrió, satisfecha con mi respuesta. "Entonces deja de pensar y solo... siente."
Antes de que pudiera responder, sus labios encontraron los míos en un beso apasionado que borró cualquier rastro de duda. Sus manos exploraron mi cuerpo con una urgencia que me dejó sin aliento, y yo respondí con la misma intensidad, olvidándome por completo del mundo exterior.
El parque, el sol, el frío de la mañana... todo desapareció en ese momento. Solo existíamos nosotros, envueltos en una conexión eléctrica que parecía haber estado esperando este momento para estallar.